Cuatro generaciones de educadores Williams:




Camilo J. Williams,
Johnny y Charles Williams Rani,
Arturo Camilo Williams Rivas,
Patricia, Arturo y Juan Williams Muldoon
han desarrollado, a lo largo de más de cien años, una filosofía educativa propia, caracterizada por ser siempre propositiva, vanguardista e innovadora.
Fuimos la primera institución educativa que incorporó los deportes, la educación agropecuaria y las técnicas y metodologías de enseñanza del idioma inglés, más modernas, a planes de estudio.
El maestro Camilo J. Williams Wilson, pedagogo de origen británico, tuvo un sueño en la vida: fundar un colegio en el lugar más bello del mundo.
Fue así como partió de la Isla de Wight, al sur de Inglaterra, y, después de un largo recorrido por Europa, Estados Unidos, Centro y Sudamérica, funda, en la casa número 2 ½ de la antigua calle de la Mariscala, en la Ciudad de México, en 1899, "The English College" y, 2 años después, el Colegio Williams.
Tenía fama por su avanzado programa de estudios. El proyecto de Don Camilo incluía el aprendizaje de los idiomas inglés y francés, gran atractivo para jóvenes de la ciudad y de las provincias, interesados en aprender las lenguas que comenzaban a dominar el comercio y los negocios.
Don Camilo frecuentaba los círculos intelectuales de la ciudad. Su dominio de los idiomas: inglés, francés, italiano, español y latín, le confirió un espacio privilegiado entre los académicos de la época. Además, destacaba la educación que impartía el maestro Williams, junto con su grupo de profesores mexicanos e ingleses (venidos expresamente para formar parte del proyecto educativo).
Posteriormente, ante la convocatoria que hiciera el presidente Porfirio Díaz para integrar el proyecto de Educación Integral, a principios del siglo XX, nuestro fundador se integra al Consejo Superior de Educación, aportando una serie de ideas, de entre las cuales destaca: su firme creencia de que si se les cultiva intelectual y físicamente a plenitud a los niños y jóvenes mexicanos, estos podrían estar a la altura o, incluso, superar a estudiantes europeos.
Don Camilo gozaba de prestigio como educador moderno, gracias a sus ideas de vanguardia, pragmatismo, sentido del humor irónico y amor a México, de lo cual quedaron asentados registros en las actas del Consejo que se encuentran en el Centro Superior de Estudios de la UNAM. Don Camilo frecuentaba los círculos intelectuales de la ciudad.
El objetivo principal de esta escuela consistía en abarcar la educación integral del alumno y la enseñanza del idioma inglés, ofreciendo, para tal efecto, a los alumnos, un medio práctico e inmediato de adquirir ese conocimiento, de tal manera que su permanencia en este establecimiento equivalía a una residencia en Inglaterra, evitando, al mismo tiempo, los grandes inconvenientes que causaba el alejamiento de la familia y los cuantiosos gastos que exigía la educación en el extranjero.
Para conseguir este objetivo, todas las clases, con excepción de la de Español, eran exclusivamente en el idioma inglés, y estaba estrictamente prohibido, a los alumnos, conversar entre sí en otra lengua.
Había especial atención a los ejercicios físicos como la gimnasia, la natación y los paseos en el campo; es un hecho perfectamente comprobado en Inglaterra, desde hace muchos años, que el desarrollo de la inteligencia está en inmediata relación con las fuerzas físicas.
Para que los alumnos estuvieran en contacto con la naturaleza y conocieran sus ciclos de vida el Colegio adquirió una huerta en Cuautitlán, cuyos frutos iban a nutrir la mesa de los alumnos internos y medio internos.
Se admitían alumnos internos, medio internos, pupilos y externos, desde 4 hasta 20 años de edad.
Para 1902, el maestro Camilo compartía la vida con su esposa, doña Luisa Rani, quien atendía habitaciones, comedor, cocina, enfermería y la lavandería del exitoso internado para varones: Williams College. Doña Luisa trabajaba codo a codo con su marido, sin dejar de atender a su propia familia; fue una maternidad entre pupitres, gises, pizarrones, voces de niños y jóvenes venidos de distintos puntos de la República en busca de una educación integral.
Para 1906, el Colegio abre otra escuela en Tacubaya, resultado de una labor acertada. En poco tiempo, el establecimiento ganó renombre tal, que los locales que contaba en un principio fueron insuficientes para dar cabida al gran número de alumnos.
En su décimo año de fundación, el colegio llevaba inscritos cerca de 400 alumnos, gracias a su clima ideal, sus magníficos edificios escolares, su profesorado hábil y competente, alimentación, higiene y otros factores importantes.
En 1922, El Colegio Williams busca nuevas instalaciones y encuentra el castillo ubicado en la calle de Empresa (que había sido casa de campo de José Ives Limantour Marquet, Ministro de Hacienda de don Porfirio Díaz).
Fue entonces, cuando la familia Williams recorrió los pasillos, contó los cuartos, visualizó clases, vio la torre y escuchó las campanas llamando al trabajo. Subieron al tercer piso e imaginaron talleres de pintura bajo el torrente de la luz. Las huertas de verduras, legumbres y árboles frutales que servirían de soporte al internado.
Don Camilo, hombre de principios claros, pensamiento disciplinado y espíritu tenaz, echó a vuelo las campanas del Colegio Williams, su sonido se armonizó con la zona histórica de Mixcoac. El maestro Camilo y su familia rentaron una casona a contra esquina, donde hoy se ubica el metro Mixcoac, señalizado con el jeroglífico prehispánico de la serpiente de agua. Trombas, lluvias, veranos, otoños, inviernos y primaveras, vivió la familia Williams Rani atendiendo la formación de hijos propios y alumnos que disfrutaban del aire fresco entre los fresnos e higueras.
El maestro Camilo, con sentido práctico y espíritu pionero incorpora a los planes y programas de estudio el deporte y fue el primero en ofrecer transporte escolar. Alumnos que vivían en distintos puntos de la ciudad demandaban el servicio. Mr. Williams tuvo la idea de adquirir dos autobuses REO, cuyas rutas llegaban al domicilio de los alumnos.
Al principio, la idea no fue bien vista, pues se consideraba peligroso el que los alumnos, todos juntos, fueran en un transporte que, en apariencia, no ofrecía seguridad; pero, al poco tiempo, muchas escuelas particulares adoptaron el sistema.
El 21 de Octubre de 1924, Mr. Williams muere y la noticia de su fallecimiento causa una gran tristeza. Alado de su esposa Luisa, compañera de trabajo y vida y de sus ocho hijos, don Camilo dejó de existir en su habitación, ubicada en la planta baja del dormitorio de los internos.
Con esos mismos sistemas educacionales formó a sus hijos: John, Charles y Edward Williams, quienes quedan al frente del Colegio para continuar su obra.
Desde temprano, sus pasos y energías se encaminaban hacia el Colegio. La educación con calidad Williams mantenía viva la herencia de don Camilo.
John, el hombre mayor de la familia, asumió, a los 24 años de edad, el cargo de Director, y continuó impartiendo clases de inglés y mecanografía. A pesar de su juventud, contaba con la experiencia necesaria.
El Colegio Williams dedicaba toda su atención a la instrucción primaria elemental, superior y comercial, y se especializaba en la enseñanza del idioma inglés con métodos prácticos y modernos.
El internado Williams gozaba de prestigio. El idioma inglés, los deportes, las bellas artes, todos ellos pilares tradicionales en la formación del Colegio, fueron enriquecidos con la apertura de talleres de carpintería, encuadernación y fotografía. Mr. John introdujo la enseñanza técnica, poniendo a la educación en relación con la productividad, consignas tomadas de la teoría racionalista del filósofo John Dewey, vigente en la época de expansión industrial-capitalista, que requería hombres capacitados para conocer y transformar la realidad del siglo XX.
John A. Williams Rani falleció a la edad de 58 años, en plena actividad como Director y maestro del Colegio. Fue una muerte sumamente sentida por cientos de colegas, ex alumnos y alumnos.
Los alumnos entonaron el himno del colegio, con voz entrecortada, a modo de póstumo homenaje al que todos consideraron siempre maestro y amigo, ejemplo de caballerosidad y espíritu afable.
A la muerte de Mr. John, el maestro Charles Ramón Williams, quien fungía como Subdirector, ocupa la dirección general del Colegio. Su carácter, recto y disciplinado, inspira confianza y respeto en maestros, alumnos y trabajadores.
A los 19 años, se graduó en el curso comercial del Colegio Williams. Regresó a los Ángeles, California, donde perfeccionó el idioma inglés, se interesó por la fotografía y tomó cursos en el estudio fotográfico "Free Meeks".
A los 21 años, fue profesor de inglés, caligrafía, dibujo y trabajos manuales, en el segundo ciclo de Primaria del Colegio Williams. Dirigía el taller de fotografía manual, al igual que le interesaba el cine, como medio educativo de vanguardia. Pero lo que hizo entrañable a Mr. Charles, fue la energía con que jugaba futbol y softbol. Su nombre se encuentra registrado como campeón de softbol en el Salón de la Fama.
En 1924, ocupó el puesto de secretario y, en 1926, el de Subdirector, formando mancuerna con su hermano Johny, con quien no sólo aprendió a manejar los camiones de la escuela, sino que compartió las vivencias de los días en que, siendo niño, repartía periódicos en bicicleta.
Sus principios de disciplina, constancia, paciencia, perseverancia y fraternidad; virtudes, valores y principios cuyo objetivo es formar hombres útiles, buenos y honrados, siguen presentes.
Mr. Charles encabezó las fiestas del setenta aniversario del Colegio con su salud mermada, poco a poco, se debilitaba. El 20 de septiembre de 1970, falleció a los 64 años de edad.
Johny y Charles supieron conducir el Colegio durante los sucesos de la situación económica, política, cultural y social del México postrevolucionario.
A principios de los setentas, el Colegio Williams estaba conducido por un joven normalista de mente liberal, con una visión total de la educación, preocupado por los problemas de México, comprometido con la construcción de un futuro mejor a través de la educación: Mr. Arturo Camilo Williams Rivas, quien asumió la Dirección a los 30 años.
Cursó su Primaria y Secundaria en el Colegio Williams; la Preparatoria, en el Centro Universitario México y, la carrera de Magisterio, en la Escuela Normal de Maestros y en la Escuela Normal Superior de la ciudad de México.
Es entonces cuando se adquiere la unidad San Jerónimo, y pronto empezó a mostrar su utilidad para los alumnos, especialmente para los internos, ya que los martes y domingos se asaba carne, se tomaba té y se cantaba alrededor de la chimenea que daba un calor de hogar para los niños del Colegio.
A la muerte de Mr. Charles, el campus San Jerónimo tomó el nombre de Charles Ramón Williams. Después, con el mismo empeño, Arturo, al igual que su abuelo Camilo, le dio una granja al Colegio. La primera estuvo ubicada en Cuautitlán y tenía como objetivo principal producir alimento para el internado. La actual granja deportiva, ecológica y tecnológica está ubicada en el campus Ajusco y lleva el nombre de Mr. Johny.
En 1932, se inauguró la Secundaria y, en 1973, la Preparatoria Mixcoac, que lleva el nombre de don Camilo; ese mismo año el colegio se hizo mixto, ¡gran acontecimiento!
Por primera vez, las mujeres entraron a la educación Williams.
Actualmente, la cuarta generación Williams, conformada por Patricia, Arturo y Juan Williams Muldoon, apoyan a Mr. Arturo, fungiendo como Directora de Unidad San Jerónimo, Director Administrativo y Director Académico, respectivamente. A partir de entonces, cuatro generaciones de educadores se han sucedido, dando continuidad y fuerza al legado de nuestro fundador.
